Salir de cuentas yendo a trabajar

Hoy domingo, Pepe y Agapito están dando un paseo por la capital con sus churumbeles. Han ido a ver una obra de teatro infantil y, con el fin de aprovechar el viaje, también se han pasado por algún otro sitio interesante, como el Museo de la Ciencia, al que Pepe estaba loco por ir con Pepita.

Así, mientras van hablando de la evolución de los modelos atómicos, ¿qué otro tema van a tratar?, por supuesto, Agapito, sin venir a cuento, va y suelta:

—Mira, ahí trabajo yo.

Y es que Agapito vive en el pueblo, pero trabaja en la capital, a 80 km de distancia.

—Oye, ¿y te compensa el echar todos los días una hora de viaje de ida y otra de vuelta?

—Pues no tengo más remedio, Pepe. Si vivimos allí y trabajo aquí, ¡tú me dirás! Hasta que inventen la teletransportación… Además, muchos días tengo que ir a Hacienda, que está aquí al lado.

—¿Ah, sí, a qué?

—Nada, nada, un asunto mío. Pero que sepas que no tardo una hora, tardo algo menos, 45 minutos o por ahí. Aunque como aparco a unos 500 m, porque más cerca no hay sitio ni en los parkings, sí que tardo en llegar sobre una hora, sí. Pero a ver… ¡No me voy a venir aquí en bici!, como dices tú de ir a todos sitios.

—No claro, en bici no. Pero, ¿tú has calculado el gasto que es tener que echar esas dos horas de viaje al día? 5 días a la semana y, vamos a poner, 46 semanas al año.

—¡Yo qué pijo voy a calcular eso! Yo, cuando el coche lleva poco gasoil, le echo y ya está, ¡arreglao!

—Bueno, pues te lo calculo yo, Agapito, que, viniendo del Museo científico, tengo la mente muy cientificada. Espérate, que saco una hoja… Mira, en gasoil se te van, vamos aimage poner 6 litros cada 100 km, por 160 km al día, por 1,15 € el litro, salen 11 € al día. Eso sí, haciéndole 800 km a la semana, el coche no solo gasta gasoil; las revisiones de mantenimiento y las averías vienen muy a menudo, por lo que el gasto por este viaje es mucho mayor. De hecho, creo recordar que calculé el gasto por kilómetro hace un tiempo, en una página, y salía unos 20 céntimos, teniendo en cuenta todo: el precio del coche, el seguro, la ITV… y que, efectivamente, por ahí iba el valor que pagaban algunas empresas a sus empleados que tenían que desplazarse para trabajar. ¿A tí, tu empresa no te paga los kilómetros?

—Sí me va a pagar, ¡ni en sueños!

—Bueno, pues si fueran 20 céntimos el kilómetro, 160 kilómetros serían 32 euracos al día. Ahora, como el coche lo usas para más cosas, aparte de ir a trabajar, el gasto sería menor.

—No creas. Si no trabajara aquí, no tendríamos por qué tener dos coches, con uno nos sobraría… para ir a comprar y poco más… ¡ya ves!

—¡Ah, pues entonces sí que te cuesta 32 € al día el ir a trabajar!

—No, si ya lo sé que me dejo un pastón. Pero me compensa, porque gano bastante más, ya sabes que tengo un sueldo… alto. Creo que me sale sobre los 50 € por hora de trabajo.

—Bueno, pues entonces vamos a incluir el valor de tu tiempo en el gasto.

—¡Hombre, eso tampoco es! Trabajando sí gano 50 € por hora, pero sentado en el sofá, viendo la tele, no gano nada…

—No, desde luego, viendo la tele, probablemente pierdes perras. Bueno, ¿te parece bien que valoremos una hora de tu tiempo, yendo a trabajar, en 25 € entonces?

—Pues no sé, no sé…

—Vale, lo tomaré como un sí. Entonces, si echas dos horas de viaje al día, a los 32 € hay que sumarle otros 50, haciendo que el tener que desplazarte en coche al trabajo te cueste 82 € al día, 410 € a la semana y casi 19 000 € al año.

—¡Chacho, ¿qué cuentas estás haciendo?! De todas formas, me da igual, porque gano más de 90 000 al año, que no ganaría si no hiciera ese viaje.

—Eso sí es verdad. Pero, ¿dices que la hora te sale a 50 €? Vamos a ver. Si a lo que ganas, 90 000, le quitas lo que te gastas en coche, 19 000, te quedan 71 000 € al año. Dividido entre las semanas de trabajo de un año, entre los días por semana y entre las horas que inviertes en el trabajo, que son 10 al día, por las 2 horas de viaje, te sale la hora a 30 €. ¡Coñe, te han quitado un 40 % del sueldo! ¿Te gustan las bajadas de sueldo auto-impuestas, es decir, impuestas por el auto? —dice Pepe carcajeándose de lo buenos que son sus chistes.

—Mira lo que te digo… ¡Déjate de cuentas ya! ¡¿Y tú por qué sabes dividir a mano?! —Y unos segundos más tarde, tras relajarse Agapito un poco, Pepe continúa:

—Bueno y eso no es todo. Si trabajas 46 semanas al año, te quedan unas 6 semanas de vacaciones, ¿no?, que serían unas… 6 por 40… 240 horas.

—Sí. ¿También me vas a quitar las vacaciones?

—Creo que ya te las estás quitando tú, porque si echas 2 horas al día de viaje, son 10 a la semana, o 460 horas al año, ¡¡que son casi el doble de las que tienes de vacaciones!! O sea, ¡que no tienes vacaciones ningunas…!

—Bueno, ¡cállate ya!, que estoy a punto de ponerme a llorar… —susurra Agapito con una posición de depresión total en los hombros y sorbiéndose los mocos—. ¡Si esto de los viajes es lo que hace mucha gente!

Y Pepe, dándole una abrazo cariñoso, le contesta:

—Sí es verdad, Agapito, tanta gente echa viajes como el tuyo, que parece normal, parece que no es una cosa muy grave, ¡pero sí que es, sí! Si los 19 000 € que te gastas en coche los ahorraras, aún sin invertir, tendrías unos 200 000 € al cabo de 10 años. ¿Cuánta gente que lleva más de 10 años trabajando no tiene unos ahorros de 200 000 lereles?

Y con esta última cuenta, Agapito ya no puede más y empieza a llorar abiertamente. Entonces Agripina, su nena, se acerca, le abraza y se relaja al instante.

—Pues sí, Pepe, pero vamos a ver qué otra cosa puedo hacer…

—Pues muy fácil, la verdad, Agapito. Puedes hacer lo que es de sentido común. Mira, te lo digo todo de un tirón. ¡Agárrate! Paso uno: os vais a vivir cerca del trabajo, de forma que puedas ir andando o en bici…

—Ya estamos con la bici…

—Claro, si es que es tu mejor aliada. Sigo. Paso dos: vendéis un coche. O, si ya quisierais hacerlo bien de verdad, vendéis los dos y alquiláis o buscáis otra solución para las pocas veces en las que necesitáis un coche.

—¡Chacho, qué cosas dices, vivir sin coche! Aunque ahora que lo pienso… y lo siento… —dice Agapito, asomándosele una sonrisa de alegría— sería un placer inmenso. Sin preocupaciones de aparcarlo, de seguros, de revisiones, de limpiarlo… ahhhh.

—Pues sí, es algo que no hacemos casi nadie. Así estamos todos: tan pobres que tenemos que trabajar para que nos den dinero, en vez de que nos lo dé nuestro propio dinero —Y, tras una pausica, prosigue—. Bueno, ya está, hacéis esas dos cosas y dejáis que pase el tiempo.

—Sí, si eso suena muy bien, pero, ¡a mí me gusta vivir en el pueblo!

—Vale, pero es que si aplicáis estos cambios, junto con otros pocos trucos de optimización de gasto, en 10 o 15 años tendréis perras suficientes para retiraros, si queréis, y entonces vivir donde os dé la gana, en el pueblo, en la capital o en Villaconejos de arriba. Mientras que si seguís igual, dentro de 10 y de 20 años seguirás madrugando todos los días para que tu culo siga aplastado en el coche.

—¡Madre mía!, visto así… Pero es que, compréndelo, en el pueblo tenemos la familia, los amigos, si hemos vivido toda la vida allí… Que poco “de mundo” somos, a propósito. Entonces, ni Ágata ni yo concebimos un cambio así. Además, ¿tú sabes lo que valen las viviendas aquí?

—Pues no, pero mira, eso permite que hagamos otro cálculo. Si te gastas 19 000 € al año en los viajes, porque vives a 80 km del trabajo, cada kilómetro de distancia te cuesta 237 € al año, o unos 20 € al mes. ¡Ahora, agárrate! —y Pepe abre una aplicación del móvil para simular los préstamos hipotecarios—. Esos 20 € te permiten pagar los intereses de 5 000 € de hipoteca al 2 % de interés. ¡Eso por cada kilómetro! En otras palabras, el ahorro por quitarte 80 km equivale al gasto por sacar una hipoteca 400 000 € mayor. ¿A cuánto dices que están las viviendas aquí?

Y Agapito contesta, con los ojos abiertos como platos:

—Pues no lo sé, pero a tanto no creo que estén, ¡por Dios! De todas formas, 10 o 15 años son muchos… o no son tantos si te liberan de la necesidad de trabajar…

—No son tantos, en realidad. ¿Cuánto han tardado en pasársete los últimos 10 años? Y, de todas formas, existe otra opción de sentido común para dejar de dedicar tu vida a trabajar por nada. Y es buscando un trabajo cerca de donde vives, al que puedas ir, igualmente, andando o en bici. De hecho, ¡tú fíjate!, con lo que te ahorrarías por no tener que desplazarte, puedes permitirte el lujo de estar una temporada buscando trabajo, sin cobrar nada, y luego coger uno peor pagado que el que tienes ahora. Si es que, ¡vivir cerca del trabajo es mucho más importante que el sueldo! ¡En cantidad de pesetas y en calidad de vida!

—Tienes razón, Pepe. Además, todas estas cuentas con estos resultados tan bestiales nos insultan claramente a los que vamos a trabajar en coche. Nos dicen: “pero ¿es que no ves que es ridículo?, teniendo en cuenta lo caro que es conducir y el valor de nuestro propio tiempo, ¡que muchas veces parece que no vale nada, pijo!” Y es que estamos tan acostumbrados a lo que llevamos haciendo toda la vida, que no caemos en que siempre hay otras opciones a la hora de elegir vivienda y trabajo.

—Así es, Agapito. Pepa y yo hemos tenido esto en cuenta en los últimos años, de forma que siempre hemos puesto por delante el trabajar cerca a cobrar más. Eso, junto con ir en bici a todos sitios, nos ha permitido tasas de ahorro y de disfrute, incomparables. Esencialmente, porque así, desplazarte, no te cuestan nada.

—Bueno, te cuesta tiempo, ¿no? Igual que en ir en coche.

—Sí, pero también te da salud. Es tiempo que te quitas de estar en la sala de espera del médico, ¿entiendes?, que, con los años, puede llegar a ser mucho… También te quita tiempo de gimnasio, que luego, no te lo vas a creer —dice Pepe bajando la voz, por vergüenza ajena—, hay gente que paga 70 € al mes por estar apuntado a un gimnasio y, cuando tiene que ir al supermercado que está a 500 m, va en coche… O, si tiene que subir a un segundo piso, coge el ascensor… Y la verdad es que ¡cuando los veo, me crecen las patillas Y ME DAN GANAS DE ¡DARLES UN SOPAPO PARA QUE DESPIERTEN! —Entonces Pepe intenta relajarse y disimular, para que Agapito no se dé cuenta de que el espíritu bloguero se ha apoderado de él.

—Ya, Pepe, ya. Me das miedo cuando te pones así.

—Sí, disculpa. Es que a veces me pasa. Relajémonos —Y, tras una respiración profunda, concluye—: Mañana, cuando salgas a la calle y solo veas peatones y ciclistas, ¡abre los ojos!, otros habrán abierto las mentes.

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10 comentarios sobre “Salir de cuentas yendo a trabajar

  1. Qué bueno el post. Me encantan las cuentas rápidas en papel 🙂

    Y yo opino lo mismo. Vivir cerca del trabajo e ir en bici a todas partes. Esta elección no tiene mucho glamour, y algún compañero del trabajo se sonrie cuando lo cuento. Pero es que vivo como un rey, sin el alboroto de la gran ciudad ¡Ya iré allí en tren cuando me haga falta!

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    1. Sí, ir en bici, ya a una edad… no tendrá glamour, pero yo lo disfruto como un crío chico, como dices, vivo como un rey: sin atascos, sin buscar aparcamiento, saltándote los semáforos, yendo por dirección prohibida… (uy, eso se ha colado).

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  2. Genial artículo Pepe hahah Yo vivo a una hora de mi trabajo, por suerte puedo ir en tren y me cuesta 1.100€ al año que tampoco es mucho. Por desgracia no nos podemos deshacer de nuestro coche (¡no sabes cuánto me gustaría!). Mi siguiente paso creo que será pedir trabajar desde casa, eso si sería un lujo…

    Continua así 🙂

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    1. Pues sí, 1100 al año no es mucho, pero tampoco es una minucia, aunque lo que más valoraría yo de ese trayecto son las dos horas diarias. Eso sí, al ir en tren, las puedes aprovechar en algo útil y ya no te es de aplicación la pérdida de tiempo personal. Ahora, como consigas trabajar desde tu casa y te organices bien, sí que va a ser una maravilla, sí.
      Y, en cuanto a lo de deshacerte del coche, no sé por qué no podéis, que puede ser así, desde luego, pero mucha gente nos creemos que “¡no podríamos vivir sin coche! ¿cómo íbamos a ir a hacer la compra? ¡¡Socorro!!” y, sin embargo, la especie humana (y los formícidos) han sobrevivido prácticamente toda la historia sin él. Podríais probar a no usarlo durante… una semana… un mes… a ver si sobrevivís.

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      1. Toda la razón con el tema de las dos horas, por suerte las aprovecho bien (básicamente escribo mis artículos en el tren… hehe).

        Y en cuanto al coche, sí que es cierto que tenemos muchas barreras auto-impuestas😉 que evitan que nos deshagamos de él, pero por ahora no lo vamos a hacer. Intentamos usarlo lo menos posible, pero para visitar a nuestros padres es casi imprescindible. También valoré si nos saldría más a cuenta alquilar uno solo cuando fuera necesario, pero también lo descartamos porqué aquí no hay disponibilidad.

        Pero bueno, que no me quejo. Estoy muy contento porque nuestro alquiler es literalmente la mitad de si viviéramos en Barcelona ciudad (nos ahorramos más de 5.000€ al año entre los dos). Así que de momento no nos movemos de aquí ✌🏻

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      2. ¡Menos mal que alguien ha pillado uno de mis chistes auto-inventados!
        Sí, hormiga, si lo que he dicho de estar sin coche es si uno quiere ir ya hiperhardcore a por el ahorro máximo. Nosotros también tenemos un coche y lo usamos muy poco. Eso sí, intentamos que genere los míííínimos gastos.
        Durante unos años, tuvimos dos coches, sin necesitar realmente dos, hasta que, gracias a Dios, vi la luz, y nos deshicimos de uno. ¡Bendito sea, allá donde esté!

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  3. Me he divertido mucho leyendo tu blog. Muy amenas y didácticas las historietas.
    Yo intento predicar entre los amigos aunque con poco éxito hasta ahora.

    ¿Tienes por un casual cuenta de twitter?

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    1. Me alegro muchísimo de que te diviertan, Pululante, pero… ¿historietas? Son historias verídicas, reales como mi vida misma. ¡Como que me llamo Pepe Peseta Patilla!
      Ánimo con los amigos, puede que alguno se interese en mejorar su vida y… ¡se la habrás salvado!
      Ah, y twitter sí que tengo… por supuesto… ¿quién no tiene? ¡Yo lo tengo desde ayer! Creo que es @PesetaPatilla. ¡Ya ves que estoy puesto a tope con las redes sociales!

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  4. El concepto de vivir cerca del trabajo me parece bastante malévolo. Nadie duda de su idoneidad de cara al ahorro y por ende su contribución a la independencia financiera, sin embargo en muchos casos puede acarrear compromisos con el bienestar y la felicidad de las personas. ¡Y eh!, todos queremos la independencia financiera, pero también queremos ser felices por el camino, ¿no? A ver si vamos a salir de una “carrera de ratas” laboral, para meternos en una vida “de ratas” por el ahorro!

    Un ejemplo: mi oficina está en el norte de una gran urbe, pegada al típico PAU sobrevalorado, con construcciones deficientes realizadas durante la burbuja inmobiliaria y en una zona sin prácticamente vida (pocos comercios, sin vida de barrio, oferta cultural, ambiente en las calles). En vez de vivir ahí, vivo algo más alejado de mi trabajo, en un barrio que me aporta mucho al momento vital en el que estoy ahora mismo. ¿Podría ahorrar algo más viviendo cerca del trabajo? Nadie lo duda, pero creo que mis niveles de felicidad y bienestar mental se verían afectados (ya que nos ponemos serios, no caigamos en el menosprecio de los sentimientos generados por el lugar en el que vivimos, al final el ser humano necesita verse bien en el ecosistema que le rodea a diario).

    Y ojo Pepe, repito que yo soy el mayor defensor de la independencia financiera; lo único que defiendo es que el sistema debería permitir concesiones al ahorrador para que este mantenga un confort y tranquilidad que posibilite avanzar en los años de ahorro de forma placentera. De lo contrario los años de ahorro se convertirán en una “cárcel” de miserias y consumo “sobreresponsable” que invierte el objetivo buscado… ¿no creéis?

    P.D. Por supuesto, si alguien tiene que hacer 50km diarios para acudir a su puesto de trabajo, sería interesante buscar una solución alternativa. Claro, aquí deberíamos hablar del tema alquiler vs. compra, pero eso lo dejo para otro comentario.

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    1. Hola Garbatella, un placer que comentes por aquí.

      Como cualquier elección en la vida, lo de vivir en un sitio u otro, tiene sus cosas buenas y malas, por supuesto. En la conversación del artículo, la cuestión es que Agapito ni se ha planteado vivir cerca del trabajo (dice: —Pues no tengo más remedio, Pepe. Si vivimos allí y trabajo aquí, ¡tú me dirás! Hasta que inventen la teletransportación… ) y, además, entre el allí y el aquí hay 80 km, que, sin embargo, es una distancia que mucha gente ve normal hacer diariamente (80 yendo y 80 volviendo, ¡yo mismo lo estuve haciendo varios años!).
      Para mí, cerca es… a menos de 10 km si puedes ir en bici ¡que siempre puedes!, o, si vas en otro medio, a menos de 15 minutos. La cuestión es que “el viaje” forme una parte mínima de tu jornada laboral, ¡sobre todo si es en coche propio, que es un desastre total!

      En tu caso, por lo que dices de que el barrio donde vives te aporta mucho ahora mismo, se nota que has ELEGIDO vivir ahí (o, aunque hayas caído ahí por casualidad, eres consciente de que te gusta ese sitio), no como mucha gente que vive donde vive porque… vive ahí (véaseme diciendo esto con cara de tonto).

      Por supuesto que tenemos que permitirnos concesiones que de verdad sean importantes para nosotros. Sin embargo, supongo que estarás de acuerdo en que hay un montón de cosas en las que, al ahorrar, nos hacen vivir mejor, no ya por no estar desperdiciando ese dinero, sino por las complicaciones que nos quitan. Por ejemplo, si contratas canales de pago de la tele y te agobias porque, como lo estás pagando, quieres aprovecharlo y dedicas un montón de tiempo a informarte de qué vas a ver, cuándo y por qué… ¿No sería mejor no tener la tele (y no digo la de pago, sino el aparato) y así quitarte el agobio?
      Tú, Garbatella, que estás de verdad concienciado con la libertad que da la independencia financiera, ya tendrás en cuenta qué te aporta cada gasto, seguro, pero hay mucha gente que no, que gasta en una cosa año tras año porque… es lo que lleva haciendo durante mucho tiempo.

      Saludos.
      Pepe.

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